Romper el silencio: una reflexión sobre nuestros presos políticos en el marco del 23 de enero

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con las cenizas aún humeantes de toda la destrucción ocasionada y tras un devastador saldo de más de cuarenta millones de muertos, el pastor luterano Martín Niemöller, quien originalmente fue simpatizante de los nazis para terminar luego en un campo de concentración por sus posiciones críticas a ese mismo régimen, reflexionó en un discurso sobre lo vivido en esos años y sobre el peso de su propio silencio.
Niemöller contó que cuando los nazis tomaron el poder y fueron contra los sindicalistas y contra los judíos, él no hizo cosa alguna y guardó silencio porque, ni era sindicalista ni mucho menos judío. Así, cuando finalmente los nazis fueron por él, ya nadie había que pudiera alzar la voz para ayudarlo.
Ochenta años después de aquellos sucesos, Venezuela vive horas críticas, de una enorme complejidad y marcadas por una gran incertidumbre. Desde los centros del poder dentro y fuera de nuestras fronteras, se negocia y decide el futuro de un país entero, uno que no solo incluye al territorio y sus recursos, porque la definición de país comprende también y principalmente a sus habitantes. En ese proceso, los ciudadanos parecemos por momentos, meros convidados de piedra, mirones de palo que vemos como se juega una partida en la que no estamos sentados a la mesa y en la cual, se decide nada más y nada menos que nuestro destino individual y colectivo.
Y es que, hay que reconocerlo, nuestra capacidad real para incidir en ese proceso político actualmente en curso, pareciera casi nula: poco podemos hacer para influir en la toma de decisiones en esta hora convulsa. Pero hay más, los venezolanos estamos cansados y sentimos miedo, uno justificado, de tomar parte de cualquier acción política, los venezolanos sentimos que ya lo hemos hecho todo.
Y sin embargo, hay algo que aún debemos y podemos hacer, pues como es público y notorio, en el marco de ese proceso político iniciado a partir del 3 de enero, se ha venido produciendo la liberación de algunos venezolanos y extranjeros que se encontraban detenidos por sus posiciones políticas, muchas veces sin un debido proceso. Ellos, esas personas privadas injustamente de su libertad no nos son ajenos, ellos son nuestros presos políticos y ahora, cuando se abre una luz de esperanza, una ventana de oportunidad para que puedan ver la libertad y estar de nuevo al lado de los suyos, es justamente por ellos que tenemos y podemos hacer algo.
¿En qué consiste ese algo? ¿Cómo ayudarlos? La respuesta es sencilla, pero requiere valentía y conciencia ciudadana ya que ese algo que debemos y podemos hacer no es otra cosa que romper el silencio que rodea sus injustas detenciones, ese silencio que en esta hora es sinónimo de indiferencia.
Romper el silencio, ese que se ha alimentado durante años del miedo y hasta de la indolencia ciudadana.
Romper el silencio haciendo nuestra su causa, la lucha por su liberación.
Romper el silencio ayudando a denunciar y a difundir todos los casos de presos políticos que podamos.
Romper el silencio visibilizando cada una de esas injustas detenciones.
Romper el silencio en todas partes: en nuestras casas, en el salón de clases, en el trabajo, en la calle, en nuestras redes sociales.
Romper el silencio y alzar la voz para pedir su libertad.
Hoy, 23 de enero resulta obligatorio afirmar que no hay democracia sin libertad; hoy, 23 de enero, debemos recordar que esa libertad no puede ser tal cuando hay personas detenidas por pensar distinto. Hoy, 23 de enero, hoy y todos los días, debemos recordar que nuestra libertad no estará completa, que no habrá democracia mientras haya un venezolano detenido por pensar distinto, mientras sigan allí nuestros presos políticos, lejos de los suyos, por el único delito de querer y luchar por un país mejor.
Rompamos este silencio que aturde: exijamos con respeto pero sin miedo la libertad de todos nuestros presos políticos: ellos, sus hijos, sus parejas y familias, nos lo agradecerán; pero, sobre todo, el futuro también nos dará las gracias por haber estado a la altura de esta hora.
Rompamos el silencio: no sea que mañana los detenidos seamos nosotros y no haya ya alguien que pueda alzar su voz para pedir nuestra libertad.
Rompamos el silencio:
¡Liberen a Pedro Fernández!
¡Liberen a Yones Molina!
¡Liberen a todos los ulandinos detenidos injustamente!
¡Liberen a todos los presos políticos!
¡Que sean todos!!
Rafael Cuevas Montilla
Profesor universitario y ex preso político
Mérida, 23 de enero de 2026
(Palabras pronunciadas en la entrada en el Rectorado de la ULA en el encuentro por la libertad de los presos políticos)

