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Veraz…¡De la transición a la restauración de la democracia! – Por Robert Alvarado

María Corina Machado y Delcy Rodríguez

Robert Alvarado

“La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer.” Antonio Gala

Empiezo entonando una canción de Guillermo Dávila: …Si es como dices, qué haces aquí envenenando este mes de abril… Esa canción está dedicada a una mujer y hoy se la dedicó también a otra mujer que se llama Venezuela. Una mujer a la que hoy día la puedo comparar con un barco. Una nave llena de sueños que va sin veleta para las costas y los puertos de un mundo irreal. En donde el capitán (un chofer de autobuses) preso en las mazmorras neoyorquinas es muy parecido al personaje de comiquita llamado Popeye quien junto con su fiel mujer Oliva, viajan a mares abiertos y no saben manejar ese velero ya que sus tripulantes y marineros no se pueden confiar de ellos. A este capitán, el nuestro no, a Popeye, lo conocen los demás navegadores de mar por ser una escoria en un contexto actúan como piratas, queriendo siempre prevalecer sobre los demás. En donde no se le puede confiar es nada. Es como si le diéramos la confianza a un tigre o a una cobra, pues como lo sabemos, cuando menos lo piense te atacan y te meten la puñalada trapera. No tienen piedad con nadie. Pelean como fieras por no perder el poder.

Lo que es cierto, es que el mundo no funciona a través de colectivos, funciona a través de individuos o personas o como lo queramos llamar. En Venezuela lo hemos aprendido a la fuerza, a través del horror que ha significado un régimen colectivista como lo es el socialismo. Ese Socialismo con cara demócrata y con el corazón comunista ha demostrado que solo trae miseria, hambre y muerte…. con corsarios al frente. Y por el comportamiento reiterado, persistente, de esos filibusteros ahora se ve un país en un dilema entre transición y restauración democrática. Y como que quisieran convencernos que gente con ese talante bucanero, “fantástica”, tienen algo que aportarnos para salir del atolladero en que nos encontramos. Habrase visto, supuestamente, porque tendríamos una crisis de liderazgo, cuando ese tema está claramente definido en esta Tierra de gracia, y a las pruebas me remito, los resultados del 28J.

En todo caso, es bueno explicar someramente los conceptos de transición y restauración democrática, y cómo se suelen aplicar, especialmente pensando en Venezuela y momentos en que habría pretensiones de hacer a un lado nuestro liderazgo. Una transición democrática pudiéramos decir que es un proceso para pasar, de forma gradual y negociada, de un régimen no democrático o de ruptura institucional hacia un sistema político democrático. Esto implica reformas, acuerdos entre actores (gobierno, oposición, Poder Judicial, actores civiles), cambios en leyes y estructuras, y, a menudo, la convocatoria de elecciones para legitimar un nuevo orden. Cada proceso tiene etapas, plazos y pruebas de consolidación (libertad de prensa, independencia judicial, libertades civiles, etc.). Con la mamadera de gallo que tienen con las excarcelaciones de presos políticos, la transición, por efecto de la buena fe de los piratas, no está nada clara, por más que el catire diga que vamos para allá.

Es bueno tener presente que el barco venezolano, que ya no va a la deriva, clama por un timón firme. ¿Transición? Eso ya lo despachamos: un vals negociado con piratas que prometen excarcelaciones mientras afilan los colmillos. Ahora, la restauración democrática es el plato fuerte, ese regreso a casa con las maletas llenas de dignidad, no con migajas de mesas ajenas. Imagínense, como limpiar la casa después de una fiesta caótica: con pluralidad de inquilinos (partidos, sociedad civil, barrios enteros) sentados a la mesa, armando un calendario público que no sea un espejismo. Una junta de transición, de corto recorrido, con las cuentas claras como agua de manantial y ojos vigilantes para que nadie se escape con el botín. Me dirán que sueño o peco de ingenuo, sin embargo, es lo que todos anhelamos y se percibe en cada esquina, en las calles, por todos lados. Seamos sinceros, porque hay más aspiraciones, no sueños.

Elecciones limpias, con ojos del mundo encima, esa supervisión internacional que tanto molesta a los corsarios, garantizando que todos corran en pista pareja. Justicia con mayúsculas: una comisión de verdad que no sea un club de amigos, juicios imparciales para los desmanes de estos años (con víctimas en el centro, no como extras), y hasta ayuda foránea para desenterrar archivos y apuntalar el Estado de derecho. Reformas que no queden en papel: jueces independientes, un CNE que no sea un circo, leyes que dejen respirar a la prensa y a las organizaciones no gubernamentales, y una seguridad modernizada que rinda cuentas en vez de balas.

Económicamente, un plan que abrace a los más vulnerables, transparencia en el gasto, patada a la corrupción, diversificación que invite inversión sin promesas de humo, sin las aprensiones manifestadas por petroleros en reunión con el catire. Libertades blindadas: expresión, prensa, manifestaciones, con defensores de derechos humanos a salvo. Y la cereza: sociedad civil y comunidades locales no como invitados de piedra, sino con voz y voto en las reformas. ¿Restauración plena? Ahí está el quid, querido lector: tras el 3 de enero, el debate arde, y muchos miran al norte, esperando que la Casa Blanca dé el visto bueno. Pero ojo, no se trata de mendigar luz verde gringa; es restituir lo nuestro, con legitimidad criolla. Porque Venezuela no es un satélite: es la Tierra de Gracia que, como en el 28J, ya sabe quién la lidera, por eso titulé este artículo: ¡De la transición a la restauración de la democracia!

Cualquier información o sugerencia por robertveraz@hotmail.com robertveraz@gmail.com grsndz629@gmail.com o bien por mí teléfono 0414-071-6704 y 04141574645. Además pueden leer esta columna en mí página Web: https://robertveraz4.webnode.es/ y sigan mis comentarios y opiniones por @robertveraz en twitter e Instagram. Pueden ver mis videos en YouTube: Tips de @robertveraz. ¡Hasta la próxima semana, Dios bendiga a Venezuela!

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