Lo que hay que saber sobre las protestas masivas en Irán

En Irán escalan las protestas por la crisis económica y política. Muchos manifestantes exigen un cambio de régimen. Se registraron varios muertos en choques con las fuerzas de seguridad
DW – Andreas Noll
Del descontento social surge una protesta abierta contra la cúpula del poder. En enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en el oeste del país murieron hasta seis personas, según medios iraníes.
Las protestas comenzaron el domingo y al principio fueron pacíficas. Desde hace días, miles de personas se manifiestan en Iráncontra el dramático desplome de la moneda y la histórica crisis económica. Lo que empezó como una huelga de comerciantes deriva cada vez más en ira política, con consignas como «muerte al dictador». Las protestas se han extendido de Teherán a otras ciudades como Isfahán y Mashhad.
¿Es el actual colapso cambiario una crisis inflacionaria?
Los iraníes deben pagar hoy unos 1,45 millones de riales por un dólar estadounidense; hace un año eran unos 820.000. Con su salario mensual a tiempo completo, un iraní medio apenas alcanza algo más de 100 dólares. La consecuencia: incluso comprar alimentos básicos consume un sueldo entero.
En un país dependiente de las importaciones como Irán, un shock inflacionario así tiene un efecto social desestabilizador inmediato. La abogada de derechos humanos Gissou Nia, del Atlantic Council, ve en el derrumbe económico el detonante, pero no el núcleo de las protestas: «Como en las protestas desde diciembre de 2017, suele haber un desencadenante económico; pero si se escuchan las consignas y se observa la magnitud, se trata de una profunda insatisfacción con el régimen y del deseo de que desaparezca». Muchos iraníes ya no interpretan el colapso como una crisis corregible, sino como un fallo sistémico del régimen en torno al envejecido líder supremo Ali Jamenei.

¿Qué distingue estas protestas de levantamientos anteriores?
Las protestas de finales de 2025 condensan varios ciclos: la ira social (2017-2019), la experiencia de violencia extrema (2019) y la crítica cultural al sistema (2022). Esta densidad aumenta el alcance y la capacidad de resistencia del movimiento.
En conversación con DW, Nia subraya la radicalidad y continuidad de las consignas: «Se oyen lemas como ‘Zan, Zendegi, Azadi’ -mujer, vida, libertad- en referencia a 2022. También ‘muerte al dictador’. El régimen debe irse». Las demandas de reformas han desaparecido en gran medida; el objetivo es el propio sistema, con un repertorio común que conecta a distintas generaciones.
¿Qué papel juega el bazar?
Que las protestas comenzaran en el bazar marca una ruptura histórica. Durante décadas fue la arteria económica y un ancla de estabilidad política del sistema, además de un indicador temprano y multiplicador potencial del descontento. La Revolución Islámica de 1979 también estuvo ligada a una huelga del bazar.
Las huelgas allí afectan no solo al abastecimiento, sino al núcleo conservador de la república. Nia habla de la «sangre vital de los mercados centrales de Irán»: los comerciantes y otros se movilizaron porque la situación económica ya no es sostenible.

¿Con qué dureza golpea la crisis a la población?
La crisis económica es ya social e infraestructural. Los ahorros se devalúan, alimentos y medicamentos son difíciles de pagar o conseguir, y aumentan los cortes de agua y electricidad. Ya no se ven afectados solo los márgenes, sino amplios sectores de la clase media urbana.
«La realidad es que la gente no puede permitirse alimentos; muchas cosas son impagables», analiza Nia. En las ciudades, el agua se corta regularmente desde hace tiempo. Esto probablemente facilite la movilización: quien ya no tiene nada material que perder está más dispuesto a asumir el riesgo de la violencia estatal.
¿Cómo puede el régimen frenar las protestas?
La cúpula política en Teherán envía señales de apaciguamiento, mientras las fuerzas de seguridad han empezado a reprimir con violencia. A diferencia de olas anteriores, el régimen intenta intimidar desde una fase temprana, señal de gran nerviosismo. «Vemos vídeos en línea de gases lacrimógenos y de disparos contra manifestantes pacíficos», dice Nia.
El cálculo es delicado: cuanto antes recurre el Estado a la violencia, más claramente muestra debilidad. La rutina represiva ya no disuade; para muchos confirma que el régimen no ofrece soluciones políticas.
¿Qué papel juegan los servicios secretos extranjeros?
El régimen iraní ha atribuido en el pasado las protestas a la intervención de servicios secretos extranjeros, especialmente de Estados Unidos y del archienemigo Israel, al que niega el derecho a existir. Tras el llamado público del Mossad a apoyar las protestas, medios estatales y órganos de seguridad reactivaron el relato de una «desestabilización dirigida».
Sin embargo, ni la velocidad ni la amplitud social de la movilización pueden controlarse de forma realista desde fuera. Para muchos iraníes, la referencia a «conspiraciones extranjeras» no demuestra fortaleza, sino la desconexión de la realidad por parte del liderazgo iraní.
(gg/lgc)

