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A 50 años de la nacionalización de la industria del petróleo: un testimonio de logros y la urgencia de su recuperación

Se cumplen 50 años de la histórica nacionalización del petróleo en Venezuela. El 29 de agosto de 1975, el presidente Carlos Andrés Pérez firmó la Ley Orgánica que reservó al Estado la industria de los hidrocarburos, un acto que fue resultado de un amplio consenso nacional entre partidos políticos, empresarios, sindicatos e instituciones académicas. De esta decisión nació Petróleos de Venezuela (PDVSA), que inició operaciones el 1 de enero de 1976.

La llamada «PDVSA azul» se consolidó rápidamente como una de las corporaciones petroleras más eficientes del mundo. Gracias a una meritocracia sólida, inversión en tecnología y planificación estratégica. Por ello la industria venezolana alcanzó logros sin precedentes como:

Innovación y desarrollo tecnológico: Se crearon centros de investigación como Intevep, que generó más de 500 patentes, incluyendo la invención de la Orimulsión. También se fundó el CIED, galardonado como la mejor universidad corporativa del mundo en los años 80, para la formación de personal de alta calidad.

Expansión internacional: La industria se internacionalizó para asegurar mercados para el crudo pesado venezolano. Se adquirieron refinerías en Europa y Estados Unidos, permitiendo a PDVSA refinar y distribuir productos terminados a escala global.

Desarrollo de infraestructura y campos petroleros: Se impulsó la exploración y desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco y nuevos campos en Monagas y Apure. Además, la Apertura Petrolera atrajo capitales privados de manera transparente, convirtiéndose en un modelo para otros países.

Contribución al desarrollo nacional: La renta petrolera impulsó la creación de hospitales, la modernización de la infraestructura (autopistas y carreteras), y el desarrollo de la agroindustria. El plan de becas Fundayacucho permitió a miles de jóvenes venezolanos estudiar en el extranjero.

También se creó la Siderúrgica del Orinoco con el objetivo de producir acero y otros productos metálicos, diversificando la economía y disminuyendo la dependencia de las importaciones. Por su parte, la edificación de represas contribuyó a generar electricidad para promover el desarrollo industrial y agrícola, y garantizar el suministro de agua a la población.

Los logros de la «PDVSA azul” no pasaron desapercibidos. La revista Forbes y Petroleum Economist evaluaron a PDVSA en 1993 como la empresa estatal mejor gestionada, por encima de Saudi Aramco. En 1997, Petroleum Intelligence Weekly la reconoció como la segunda petrolera más eficiente a nivel mundial, solo superada por Saudi Aramco.

El desafío de la reconstrucción

Lamentablemente, este modelo de éxito fue desmantelado a partir de 2002. El despido de más de 23.000 profesionales y técnicos de la industria, que se opusieron a su politización, marcó el inicio de un doloroso declive. Lo que fue un modelo para el mundo, hoy se encuentra disminuido.

«Gente del Petróleo» y «Unapetrol» señalan que, a pesar de la situación actual, la industria aún puede ser rescatada. El camino hacia la prosperidad radica en la inversión privada, la implementación de tecnologías avanzadas y la recuperación del personal calificado.

El análisis de este hito histórico es crucial para extraer lecciones que permitan a Venezuela construir una nueva industria petrolera, moderna y eficiente, capaz de generar la riqueza necesaria para un futuro próspero y sostenible. La lucha por su recuperación es el gran reto de la nación.